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Diario de una semana: Jueves

2007.10.15

JUEVES

Hoy ha sido un día agitado. Por trabajo tuve que ir de aquí para allá. Sin embargo lo disfruté. Supongo que fue por la ruptura de la rutina. Luego de estar varios días enfrente de una pantalla lo mejor que puede hacer uno es salir a caminar y disfrutar de un momento al aire libre. Bueno, en realidad tan libre como se pueda en el centro de la Ciudad de Buenos Aires.

Luego de la mañana de trámites llamé a un amigo para almorzar juntos. Hacía tiempo que no lo cruzaba y me imaginé una interesante charla. Llegamos a un pequeño restaurant en la calle Bartolomé Mitre, se veía acogedor. Nos sentamos a la mesa y para ponerme más cerca corrí la silla. Grave error. Una especie de grapa o clavo semi-salido se hundió en mi dedo índice derecho.
Sinceramente no dolió, pero fue molestísimo por varios días. Me puso de muy mal humor y no pude prestarle la atención que merecía la conversación.
Las tareas más mundanas ahora me hacían doler: escribir, tipear en el teclado, ¡hasta cortar la comida! Ni me quiero imaginar si perdiera un dedo o la mano entera. Alguna vez me puse a pensar que podría soportar estar en un silla de ruedas, producto de algún accidente o del paso de los años. Lo que sí no podría aguantar es perder las manos o la vista. Es como me muevo en el mundo.

A la noche llamó María y me dijo ir a ver un concierto de jazz. En realidad era sólo una cena con show en un lindo pub. Es muy interesante cuando surgen esas propuestas nuevas, casi únicas, como sentarse a escuchar buena música, visitar el cementerio de la Recoleta un domingo por la tarde o ver una muestra de arte de Xul Solar. Eso sí, es difícil encontrar a la gente que te acompañe en estas travesías culturales.

Mientras disfrutaba de una riquísima trucha arcoíris con un fino vino Chardonnay, el sonido del contrabajo retumbaba de fondo. ¡Qué gran ritmo es el jazz! Es realmente mi estilo de música favorito. Es que me hace recordar tanto a la vida misma…
Así como la vida tiene su rutina, el jazz tiene su melodía. Pero de pronto todo eso se acaba. La trompeta suena estridentemente y se abre paso en un solo formidable. Es como esos días distintos, aquellos que disfrutamos y atesoramos por siempre. Luego, apaciguadamente la música vuelve a la melodía. La vida vuelve a la rutina. Ambas cosas son necesarias: la improvisación y la melodía . Los días que consideramos especiales en nuestras vidas no existirían si no conviviesen con la familiaridad y la monotonía de cada semana. Amo esos días tan particulares porque son diferentes—sí, esa es la sensación—de otra forma me parecerían todos iguales y me perdería de las cosas más interesantes.

Comentarios

Me encantó la analogía de la vida y el Jazz! Hacer que los días sean diferentes queda en nosotros. Yo tambien amo esos días!! Conta conmigo siempre!!

Escrito por Ani | 2007.10.15 23:47:51

Añoro esos días!

Buenisima tu redacción, entendí perfectamente. Me alegro!

Escrito por Juanu | 2007.10.19 14:49:42

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