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La paradoja de la elección

2007.08.13

Las elecciones son unas de las mejores cosas que tenemos en nuestra vida. La elección significa libertad. Nadie podría cuestionar eso. Entonces, sería fácil suponer que cuantas más opciones tenemos, mejor es. Pero, ¿realmente es así? Existen varios estudios donde se demostró todo lo contrario. No solo tener muchas opciones no es beneficioso, sino que hasta podría perjudicarnos.

El Dr. Barry Schwartz publicó hace no mucho un libro llamado como este artículo: “La paradoja de la elección” (The paradox of choice) donde reinventó la forma en que se estudiaba la elección humana con resultados sorprendentes. Antes, los científicos se concentraban en la diferencia entre no tener ninguna opción a tener 2 o quizás 3, a lo sumo. Pero qué pasa con la vida moderna, dónde la gente tiene decenas hasta miles de opciones de un mismo tema. Sobre este tópico va a tratar el artículo, resaltando los puntos más importantes de sus descubrimientos.

Los efectos negativos que introduce la abundancia de opciones son varios. Aquí los iré listando uno a uno. Generalmente tienen que ver con el stress y la falta de satisfacción.

Parálisis

Está claro que hay un punto donde algunas pocas opciones son beneficiosas para el elector. Luego, vamos agregando más opciones y quizás hasta aumentan este beneficio. Llega un punto en que si seguimos añadiendo opciones, es decir, complejidad a la elección, ésta no se vuelve tan satisfactoria y empieza a verse como algo negativo. ¿Cuál ese ese punto? Bueno, nadie lo sabe. Hay que probar empíricamente.

El rango va desde beneficioso a paralizante. Este último concepto indica que si la gente tiene demasiadas opciones, el stress que produce elegir es tal que prefieren ¡no elegir! A eso se le llama parálisis de elección y es una de las principales consecuencias de esta paradoja.

No es para nada trivial el tema de la elección. Nuestra vida está llena de opciones. Claro, si tenemos que elegir entre los distintos cereales que hay en un supermercado tanto no importará a la larga. Pero si la elección a tomar es dónde invertir nuestro dinero, ahí sí que puede ser significativo. Vemos que hay tantas opciones que lo dejamos debajo del colchón y decimos cosas como “bueno, mejor lo miro mañana”, aún sabiendo que es una mala opción porque el colchón no nos da ningún interés. Lo peor de todo es que el día de mañana no es distinto al de hoy, entonces la decisión no se toma. La parálisis es uno de los problemas de la sobreoferta de opciones.

Capacidad de evaluación

A veces, superamos la parálisis y en última instancia tomamos una decisión. Pero qué tan afectada está esta decisión por la abundancia de opciones. Tomemos el ejemplo de los reproductores de MP3. Hay miles de modelos, entonces no podemos evaluar todas las características de cada uno de ellos: hay que simplificar la elección. A veces, nos fijamos solo en la capacidad que tienen, o en la marca, por nombrar algunos ejemplos. De esta forma evitamos un gran esfuerzo al elegir.

Esto no necesariamente implica que finalmente terminemos tomando una mala decisión, pero seguramente hay más chances de que sea errónea si tuviésemos solo 10 modelos para evaluar. Así se le podría dar a cada opción la compleja evaluación que necesita sin necesidad de simplificar.

Otro interesante ejemplo se ve con las personas y en cómo hacemos para decidir si nos atraen. Generalmente lo hacemos por el físico. ¿Por qué? Porque hay que simplificar la elección, no podemos conocer a todas lo suficiente como para saber si nos interesan, entonces utilizamos este mecanismo para filtrar algunos resultados y concentrarnos en los que nos parecen a simple vista más provechosos.

El caudal de información que podemos almacenar y manipular es limitado. Es por esta razón que necesitamos achicar las opciones que tenemos o reducir la complejidad de los datos que manejamos.

Costo de la oportunidad y el remordimiento

Finalmente elegís pero ¿estás contento con tu elección? Cuantas más opciones tenés, más grande es la posibilidad de que tengas que dejar de lado algunas opciones que te parecían muy buenas también. Existe la posibilidad de que luego de haber decidido encuentres en tu elección algo que no habías podido evaluar anteriormente por la sobreoferta de opciones. ¡Qué fácil es imaginar que las otras opciones a las que le tuviste que decir que “no” eran en realidad mejores!

Al abundar las opciones, es fácil tomar una decisión que no se sienta como la correcta. Terminás imaginando que las otras alternativas eran mejores. También se da el caso en que esto suceda aún antes de elegir. Anticipás tu remordimiento ante tantas opciones porque pensás que terminarás tomando una mala decisión. ¿Nunca te pasó que simplemente no podías decidirte porque muchas de las opciones te ofrecían cosas realmente buenas por igual? A eso me refiero. Combinando estas dos cosas reducís la felicidad que obtenés como resultado de una elección. Independientemente si haya sido la correcta o no.

Transferencia de culpa

Cuando tenemos pocas opciones nos tenemos que conformar con lo que nos tocó. Por ejemplo, Barry Schawrz, el autor del libro La paradoja de la elección, cuenta que un día fue con su familia al campo de un amigo por un asado. Cuando llegaron allí se dieron cuenta que no habían comprado vino. Entonces, lo mandaron al pueblo más cercano que estaba a varios kilómetros para comprar algunas botellas.

Cuando llegó, había solo un almacén con tres variedades de vino solamente. No conocía ninguna de ellas. Entonces eligió la que más acertada le pareció y volvió a comer el asado. En el almuerzo probó ese vino y se dio cuenta que no era muy bueno. Pero el pensamiento fue: “Fui al único pueblo cercano, al único almacén de ese pueblo y solo tenían 3 vinos. Mucho no podía hacer.” Entonces tuvo que conformarse con eso. No era su culpa haber elegido un mal vino, solo tenía una muy limitada cantidad de opciones.

Ahora pensemos en el caso contrario, donde las opciones abundan. En un supermercado grande de Buenos Aires hay cientos de marcas de vinos, uvas, cosechas, etc. Si terminamos eligiendo un mal vino, ¿de quién es la culpa? Es muy fácil pensar que fuimos nosotros los que no pudimos tomar una buena decisión. Había muchas opciones, no puede ser culpa de ellas. Es probable que algún buen vino se esconda entre los cientos de botellas que hay.

Esto es lo que se llama transferencia de culpa y está muy relacionada con el próximo punto de la paradoja.

Aumento de las expectativas

Al comprender que tenemos muchas opciones entre las cuales debemos tomar una decisión nos emocionamos. Esto sucede porque al haber más elementos para seleccionar pensamos que tenemos más chances de conseguir el mejor para nosotros. Es verdad, hay más posibilidades de encontrar la opción “perfecta”. Sin embargo, ¿qué pasa si finalmente no lo encontramos?

Seguramente nos terminemos sintiendo poco contentos con nuestra elección final. Nuestras expectativas fueron tal altas y sobrepasaron por tanto al resultado que la satisfacción de la elección queda seriamente dañada.

Maximizadores

Como tenemos más opciones, aumentamos nuestras expectativas, por lo tanto es común que la gente busque y solo acepte lo mejor. El número de opciones del que disponemos nos condiciona a ser maximizadores.

Es fácil entender que si solo hubiese 3 modelos de jeans en el mundo, por citar un ejemplo, el concepto de “maximizar” no tiene mucho sentido. Sin embargo, debe haber 3.000 modelos o más. Es racional pensar que debe haber uno con el calce justo para nosotros, uno tiene que ser “perfecto”.

Lo que tenemos que aprender es que el desgaste que genera buscar la opción perfecta generalmente no vale la pena. Muchas veces conviene tomar una que sea “suficientemente buena”.

Algunas pocas opciones es bueno pero muchas pueden ser perjudiciales

Está claro que tener elección es algo único en la vida, que nos hace sentir libres. El punto a discutir es cuándo nos sometemos a la gran cantidad de opciones de las que disponemos hoy en día y sufrimos por ello. Es cuestión de encontrar el balance perfecto, saber lo que estamos buscando y poder filtrar la información de la que disponemos.

Comentarios

Esto me hace pensar en algo, creo que de Buda, que decia el sufrimiento viene del deseo siempre, deseamos mas y bueno ahora como comentas con tantas opciones de eleccion o caso opuesto tan pocas, puede uno quedar completamente satisfecho que eso fue lo correcto.

Escrito por Iván | 2007.09.05 22:35:37

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