El tiempo: un desesperado llamado a la acción
2007.06.18Creo que mucha gente, al igual que yo, piensa en qué es lo más importante en la vida: la familia, los amigos, el dinero, el trabajo, etc. Cada uno tiene su idea acerca de esto, pero sin importar mucho cuál sea, creo que todas estas comparten algo: el tiempo que necesitan que se les invierta. Ahí creo yo que está lo más importante —y escaso— que tenemos; nuestro tiempo.
Varias otras personas están concientes de este hecho. Las mejoras en productividad, los aparatos electrónicos, consejos, medios de transporte cada vez más rápidos y muchos otros ejemplos aportan a un mejor manejo del tiempo. Cada vez más escaso en este mundo acelerado en el que vivimos, siempre nos estamos quejando de la falta de él. Sin embargo, creo que este enfoque es equivocado. Nuestro tiempo siempre es el mismo: 24 horas al día, 7 días a la semana, 52 semanas al año. Entonces, ¿cuál es la forma correcta de plantear este tema? Para mí es no concentrándose en la aparente falta de tiempo, sino lo que hacemos con el tiempo del que disponemos.
Así como lo presenté en el artículo de Realidad Subjetiva, tenemos que aceptar que nuestra vida es lo que hagamos de ella, y cada una de las decisiones que tomamos la afectan en alguna medida. El tiempo es una de ellas, quizás hasta una de las más influyentes.
Si escribimos una lista de todo lo que nos gusta, seguramente estaría llena de actividades que nos atraen, sentimientos que nos emocionan y personas a las que queremos. Ahora, cuando la empezamos a revisar más cuidadosamente, notamos que algunas de estas actividades requieren dinero, lo cual a su vez requiere tiempo. Muchas veces conseguirlo nos demanda la mayor parte del día. Lo mismo suecede con los sentimientos; a veces no sabemos como generarlos, o quizás sí pero eso implica una inversión de nuestro tiempo de alguna u otra forma. Al mantener relaciones amorosas o con nuestros amigos y familiares, volcamos gran parte de nuestro tiempo también.
Una vez que se considera todo esto que mencioné llegamos a una triste e inevitable conclusión: nuestro tiempo es limitado y no podremos hacer todo lo que queramos; habrá que elegir.
Aquí es donde se encuentra la riqueza y la complejidad del problema, según mi parecer.
Entonces, ¿cómo decidimos en qué invertir el limitado tiempo del que disponemos? Bueno, cada persona deberá encontrar formas de identificar lo más adecuado. Un manera simple es pensar qué es lo que nos va a traer más satisfacción antes de embarcarnos en cualquier empresa, y luego encontrar el balance entre eso y el tiempo que nos demandará hacerlo. Sin embargo, saber a priori es muy difícil, por no decir imposible. Los errores de cálculo abundan, y las cosas cambian cuando ya estamos en medio de ellas. Esto no es una ciencia exacta.
Si en cada cosa que hagamos, nos ponemos a meditar sobre si conviene invertir nuestro tiempo en ella, lo más probable es que terminemos muy confudidos y preocupados. No estoy diciendo que no haya que hacer ningún tipo de planes, sino que éstos no deberían ser muy extensos y detallados. Muchas veces conviene lanzarse a la aventura y luego preguntarse todas estas cuestiones.
Lo más probable es que después de tener esta especie de muestra gratis obtengamos una idea mucho más clara de si realmente vale la pena seguir con lo que estamos haciendo.
Será cuestión de priorizar nuestras elecciones.
No obstante lo anterior, algunas escasas veces sí sabemos lo que queremos y estamos dispuestos a invertir nuestro tiempo en aquello que nos apasiona. Esas veces se sienten distintas. El esfuerzo no se nota, todo fluye suave y mágicamente, y una vez que logramos nuestro objetivo la satisfacción es incontrolable. ¿Pero qué pasa cuando nuestros objetivos dependen de otras personas para que se cumplan?
En muchas ocasiones me ha pasado de querer las cosas lo antes posible. Quizás fue por mi fanática idea de que el tiempo es muy escaso y se va antes de que nos demos cuenta para nunca más volver. Sin embargo, con el correr de los años comprendí que algunas cosas deben completar ciertos pasos para llegar a buen puerto. Estos pasos, que para uno pueden parecer todos evitables, quizás para la otra persona no sean tan así. Ahí es cuando volví a preguntarme si realmente vale la pena. Es todo cuestión de ceder un poco de nuestro tiempo para obtener finalmente algo que nos va a traer mucha satisfacción. A veces lo que importa no es lo que se da, sino lo que se cede.
Las relaciones humanas están llenas de estas historias como estas. Muchas veces perdemos el tiempo por el cortejo, histeriqueo, inseguridades, miedos y varios otros sentimientos. ¿Cómo hacer para no desesperarse si una de las partes no está dispuesta a esperar para siempre? La vida se trata acerca de las oportunidades, y estas oportunidades están solo disponibles por tiempo limitado.
Hay que animarse, ahora, ya mismo. No dejemos que el silencio sea un cómodo promedio entre la satisfacción de ganar y la desilusión de perder. Después de todo, cuando nos damos cuenta, es demasiado tarde, el tiempo vuela.