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Diario de una semana: Domingo

2007.10.30

DOMINGO

Los domingos me gusta quedarme hasta el tarde en la cama. ¿A quién no? Sin embargo este domingo fue distinto, me levanté apenas pasadas las once, lo cual no es tan tarde para un día como este. Ni bien salí de la cama, bajé hacia la cocina a estrenar mi juguera con unas naranjas. El sol se colaba por la ventana. La paz y la libertad que sentí en ese preciso momento llenó mi alma. La comodidad que da una bermuda y las ojotas en un día caluroso es difícil de describir. Podría narrar un libro entero sobre eso. Claro que nadie lo leería pero sería un interesante experimiento para mí mismo. Volver a verlo dentro de 10, 20, 30 años y comprender que aquellos sentimientos no se trastrocaron ni un poco. Si bien no sabemos cómo vamos a vivir ni qué vamos a pensar en el futuro, hay ciertas cosas de nosotros mismos que conocemos como nadie más lo hace y llegamos a comprender que se transforman en nuestra definición de persona. Son inherentes a nuestro ser desde que tomamos conciencia de ellas hasta que abandonamos este mundo.

Aprovechando el sol, me cambié y salí a caminar. De a poco fui descubriendo el día. La gente en el parque, los perros corriendo, las flores rosas, amarillas y lilas decorándolo todo. Luego de largarme a escribir estas palabras en mi anotador, sentí hambre y me senté a almorzar a la mesa de un bar típico de Parque Chacabuco, en la vereda.
En estos últimos meses entendí una verdad reveladora: los domingos son un día muy especial y marcan los momentos en los que nos encontramos en las distintas etapas de nuestras vidas. Los disfrutamos de diversas maneras a medida que envejecemos. Es más, me atrevería a decir que cuanto más viejos somos, más los apreciamos. Miro hacia atrás y pienso cómo es que antes podía desaprovechar este magnífico día, despertándome bien entrada la tarde por un sábado a la noche agotador. Tampoco me arrepiento, son épocas. Lo curioso y lo más lindo es darnos cuenta que crecimos.


A la noche me fui a acostar pensando en la semana que había pasado. Me gusta hacer balances, aunque realmente no me acuerde de los hechos; solo retengo los sentimientos, los detalles. Durante mucho tiempo pensé que tenía mala memoria, luego me di cuenta que no era así: simplemente es distinta. Puedo recordar un gesto por años. Si me preguntan de quién, dónde estaba y cuándo fue no lo podría decir. Puedo recordar una sensación por décadas, si me preguntan qué la provocó y qué hice al respecto tendré que callar por no saber la respuesta.

Cerré los ojos y apoyé la cabeza en la almohada. La sensación era de positivimo y alegría pero no podía evitar pensar en si era una semana más la que había pasado o era una menos que me quedaba. En el último instante antes de dormirme me consolé pensando que mañana sería otro día.

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