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2008.07.21¡1000 comentarios ya!
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Joaquín
2008.06.05Joaquín cerró los ojos e imaginó que estaba en la Luna. Cuando los volvió a abrir le dio bronca: apenas alcanzaba a los picaportes para abrir las puertas —práctica que le trajo mucho retos por parte de sus padresá.
—Ma, quiero poder volar y viajar lejos
—dijo con su voz infantil—.
—¡Que lindo!
—Exclamó la madre. Querés ser piloto.
—¿Qué es ser piloto, Ma?
Con la sonrisa rebozante de ternura le explicó que los pilotos son personas que manejan aviones y recorren todo el mundo.
—Ahhhh
—abrió la boca y se quedó un momento callado—. Luego siguió —pero yo no quiero viajar por el mundo. Quiero llegar a la Luna.
—¡Un astronauta querés ser!
—dijo la madre emocionada—. Había esperado mucho este momento, el momento en que una madre se siente madre porque vive en carne propia una de las miles historias que contaban las mujeres viejas de su infancia. La aburrían cuando era niña y pensaba que nunca iba a ser madre simplemente para no sentirse poco orginal. Ahora que le había sucedido, comprendió lo que decían esas viejas; 20 años más tarde. Su hijo tenía un sueño.
—Sí, eso. Un astonata.
—dijo sin comprender del todo
La madre sonrío sutilmente. Bueno, pero para eso vas a tener que estudiar mucho
—le explicó en todo aleccionador.
Joaquín se encogió de hombros y se retiró en silencio. Se fue a su habitación y miraba por la ventana. La claridad del día no le dejaba ver la Luna pero él sabía que estaba allí. La vida lo esperaba; la felicidad, la tristeza, la frustraciones, el amor, el poder cumplir su sueño. Solo necesitaba ser un poquito más grande.
Algo cambió
2008.05.14De pronto me miró y supe que algo había cambiado. No sé si fue esto de la intuición pero la mirada no era la misma. Me hizo una mueca y siguió leyendo. Ella estaba totalmente ajena a mi descubrimiento. Concentrada en su lectura y a mí me había cambiado la vida. ¡¿Cómo se atreve?!
La lluvia afuera golpeaba con fuerza. Me levanté para mirar por la ventana. Estaba impaciente, ansioso, quería preguntarle algo pero no sabía ni qué decir. Además, ya imaginaba su respuesta: “Nada. ¿Por?” Es difícil comprender que un instante lo cambia todo; una mirada, una palabra. La veía leer, ávida por pasar páginas. No podía soportarla, el espectáculo era grotesco, de una repugnancia intolerable. Me molestaba su nariz, su boca, el color del marco de sus anteojos, la respiración, hasta el ruido que hacía su dedo siguiendo la línea de la página. Encima, movía la boca al leer en silencio. ¡Que asco! Tuve que gritar.
Quiero saber…
2008.03.14
Quiero saber de tus sueños
y también de tus miedos.
Quiero saber de tu vida,
aquello que odias,
lo que te gusta,
lo que te emociona
y lo que te mantiene viva.